Hace poco leí un artículo que contaba la historia de un joven talento, que decidió, después de algunos meses en una grande empresa y con posibilidades de carrera, dejar su trabajo.

Unas de las principales razones: poca flexibilidad y la distancia que no le permitía ver su pareja.

Me hizo gracias leer aquel post.

El día anterior también yo había tomado la misma decisión: dejar mi actual trabajo.

Me acuerdo la conversación que tuve con mi madre: “Te entiendo pero no dejes el trabajo sin tener otro. ¿Quieres ser ama de casa después de años de estudios?

No merecía la pena contestarle. Tenemos ideas de vida y paradigmas culturales diferentes. Yo me hubiera dado de baja si hubiera conseguido o no otro trabajo.

 

 

 

 

¿Por qué quería cambiar?

 

1) La distancia. 

 

Cada fin de semana hacia más o menos 1000 km para estar con mi familia y, después de algunos meses, empecé a notarme súper cansada. Sumaron támbien la distancia para llegar a mi puesto de trabajo (2 horas entre ida y vuelta) y el tráfico que hay en Barcelona a cualquier hora.

 

2) Flexibilidad horaria

 

Es verdad que se podía, previo consentimiento del jefe próximo, hacer la jornada intensiva, pero, como profesional, creo saber organizarme y quedarme cuando hay trabajo e irme si acabé todo lo que tenía que hacer.

Sé que esta teoría de flexibilidad es utópica en una empresa de grandes dimensiones.

¿Por qué no intentar confiar más en los empleados?

Cada uno de nosotros tiene una vida fuera del trabajo y si el empleado no tiene el tiempo suficiente para dedicarse a lo que le apetece (familia, hobbies, estudios, etc.), llegará al trabajo siempre con menos energías y su rendimiento bajará con el tiempo.

 

3) La luz.

 

El hecho de NO ver el sol en todo el día (mi oficina no tenía ni una sola ventana) afectaba mucho sobre mi humor y bienestar.

Parece una tontería pero, os aseguro que estudiar bien la oficina a nivel arquitectónico puede evitar que muchos empleados se marchen y que la productividad sea más alta.

Amo la naturaleza y amo el sol.

Entrar en la oficina cuando todavía estaba oscuro y salir cuando el sol ya no estaba, influía sobre mi humor, mi productividad y mi salud.

 

3) No era el trabajo de mis sueños y tampoco el trabajo que me imaginaba.

 

Estoy convencida que “los técnicos de selección ” son los vendedores ocultos de cada empresa y como tales deben vender la vacante.

 

Es muy difícil que en un proceso de selección te digan los “los puntos de mejora” de la empresa y del puesto en sí.

De una parte se puede entender, aunque estoy convencida que decir la verdad y decir los pro y contras al candidato sea necesario para que pueda tomar una decisión afín a su ser.

Cuando empecé, creía que el trabajo iba a ser diferente y en realidad las tareas que desarrollaba eran muy mecánicas y “administrativas”.

Hubiera podido quedarme, trabajar bien y esperar una promoción pero la paciencia no es mi fuerte.

Hubiera tenido que esperar años haciendo un trabajo que no me llena y ¿esperando una promoción no cierta?

Muchos contestarían que sí, sobretodo mis padres. Pero yo no.

Después de una mala experiencia que tuve, entendí que

la vida se puede acabar en dos segundos y que en aquel momento es demasiado tarde para los resentimientos.

Así que NO quiero esperar algo que vendrá sino levantarme cada día feliz y satisfecha de ir al trabajo.

Quisiera utilizar mis competencias y habilidades para pensar y plantear proyectos y soluciones y NO para repetir un proceso automático que no se puede cambiar.

Me gustaría poder hablar, escuchar y comunicarme sin limitaciones. 

Quiero simplemente ser yo misma y aportar algo creativo allí donde vaya. 

 

4) Los jefes.

 

Es verdad.

 

Los empleados se escapan, no de la empresa, sino de sus jefes.

 

En mi caso, no puedo decir que haya tenido problemas con mis jefes.

Al contrario, mis jefes me trataban muy bien y confiaban en mí.

Pero no eran los jefes que considero líderes. Los que en momentos de dificultad “reman” juntos con su equipo y que saben trasmitirte una cierta seguridad. Los que saben aportar valor a cada miembro de su equipo.

No podía incluirlos en las personas que admiro y de los que pienso: ¡son unos cracks!

Ya sé que es difícil encontrar en proprio entorno profesional gente así.

Yo sigo creyendo en las fábulas y sigo creyendo que sea posible.

Al mismo tiempo creo que la mayoría de las empresas están fallando en la planificación de las promociones.

Según mi pequeña experiencia en el mundo profesional, me di cuenta que el sistema estándar consiste en promocionar buenos técnicos, que por mala suerte (no siempre) no tienen las habilidades y competencias necesarias, o simplemente no tienen el tiempo suficiente para desarrollarlas, para ser un líder y llevar un equipo!

Resultado:

Pierden un buen técnico. “Ganan” un jefe mediocre y desmotivan al equipo.

 

¿Por qué no quiero irme?

 

1) Tendré que volver a cocinar: con la mensa en la empresa, pude decir adiós a sartenes y ollas;

2) Adiós a los descuentos en ropa y a los mercadillos con las nuevas colecciones (para una chica es un drama!);

3) Mis compañeras.

 

Un abrazo